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Pueblos deshabitados

Pueblos deshabitados

A partir de los años sesenta se produjo el fenómeno de despoblación más intenso que se conoce en el Pirineo y en las zonas de montaña en general, en ellas es donde se ha generado el mayor grado de despoblación. Las causas son sobradamente conocidas y ya han quedado reflejadas en voces de la GEA relacionadas con la demografía.

Como consecuencia de estos procesos, muchos poblamientos fueron deshabitándose, pasando su patrimonio (tierras, edificios..) a manos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), del antiguo ICONA, de la DGA e incluso algunos pertenecen hoy a particulares. La mayor parte de estos poblamientos sufrieron un proceso de expropiación con motivo de la construcción de embalses y, hoy, los bienes rústicos de la CHE, como consecuencia de este proceso, se evalúan en 18.000 has. con 25 pueblos deshabitados en propiedad, de los cuales 22 están en el Pirineo aragonés.

Hasta 2001, doce pueblos pirenaicos aragoneses habían sido revertidos o cedidos a Instituciones o Centrales Sindicales para su rehabilitación. Otros como Escó y Lanuza están en trámite de reversión, y Mipanas, Puy de Cinca, Alcolea de Puy de Cinca, Clamosa y Lapenilla forman parte del proyecto de recuperación de las dos márgenes del embalse de El Grado, promovido por la CHE y otras Instituciones. Estos pueblos, una vez rehabilitados, desempeñan importantes funciones, tales como:

— Sociales: de descanso y encuentro de trabajadores tanto españoles como extranjeros. Es el caso de Ligüerre y Morillo, donde se organizan jornadas de estudio sobre diversos temas relacionados con los movimientos sindicales y socioculturales en general.

— Educativos: Es el caso de Búbal reconstruido por el MEC (o Griebal SCOUT) para ser utilizado como centro donde planificar cursos, realizar colonias estivales...

— Deportivos o de descanso como Caneto y la mayor parte de poblamientos en proceso de rahabilitación, o aquellos que asociaciones (Montañeros de Aragón o grupos Ecologistas) han solicitado su adjudicación para rehabilitarlos.

Su rehabilitación constituye un importante potencial desde muchos puntos de vista; moviliza recursos, fundamentalmente humanos; incluso jóvenes de otros países participan en los «campos de trabajo» para su reconstrucción. Ello supone identificar el medio pirenaico como un lugar de encuentro de jóvenes que trabajan desinteresadamente, no sólamente en la rehabilitación del núcleo urbano, sino también en otras labores de recuperación medioambiental como limpieza de fuentes o del bosque. Desde el momento en que comienza la rehabilitación, se le da de nuevo vida a un pueblo: campos de trabajo permanentes, otros discontinuos, aprovechando las vacaciones escolares y universitarias..., unos y otros generan una ocupación en los pueblos incluso mayor que antes de despoblarse.

Estos campos de trabajo son ideales para practicar diversos oficios de formación profesional y realizar funciones de integración social. En 1991, en Griébal, el número de jóvenes que solicitaban participar desbordó la capacidad de instalación, llegando grupos desde Zaragoza, Guipúzcoa, Madrid, Sevilla, Granada o Italia. A pesar de que la mano de obra suele ser casi en su totalidad voluntaria y gratuita, la rehabilitación de un pueblo exige importantes gastos, la mayor parte de ellos en materiales y transportes. No obstante con estos proyectos se consigue:

— Dar vida y recuperar para diversas funciones amplios espacios del Pirineo.

— Una vez recuperados incluirlos en redes o itinerarios turísticos, aumentando la capacidad de acogida para el desarrollo turístico del macizo.

— Incremento de los valores del Patrimonio Etnográfico y Arquitectónico.

— Incremento de los equipamientos para desarrollar jornadas de encuentros y el desarrollo de otra modalidad turística como el turismo social.

— Potenciación de estos lugares, durante su rehabilitación, como centros educativos, de formación profesional y de integración social.

En relación con la recuperación de pueblos deshabitados, se ha tratado de experimentar modelos de ecodesarrollo en el Pirineo. El hecho de que hasta ahora tal fenómeno se haya dado de forma aislada, con proyectos muy individualistas, no permite valorar el fenómeno del neo-ruralismo relacionado con el ecodesarollo como de positivo, puesto que la mayor parte de dichas experiencias han ido fracasando. No obstante, si los proyectos de reinstalación demográfica en el Pirineo tienen una base social más amplia, apoyándose en sistemas comunitarios o cooperativos, las posibilidades de éxito son mayores.

En consecuencia, interesaría apoyar al máximo los proyectos de rehabilitación de pueblos, tanto para usos turísticos, como educativos o sociales, pero sobre todo aquellos que tienen como objetivo el tratar de poner en práctica un nuevo modelo de explotación económica que responde al concepto de ecodesarrollo, aunque tal concepto pueda ser considerado, a priori, como ambiguo. El concepto de desarrollo sostenible se acepta mejor que el de ecodesarrollo. En definitiva, cualquier iniciativa de reinstalación demográfica debe ser apoyada, pues el medio pirenaico, sin población que lo conserve, tiende a degradarse.

 

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